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Monday, September 14, 2026

Independiente y San Lorenzo rompieron los pronósticos, armaron un buen partido y empataron 1-1

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Al fútbol argentino no hay quién lo entienda. Poco o nada se parece a lo previsto, poco o nada puede anticiparse. Están los que sostienen que esa es la causa de la irregularidad permanente y notable que muestran prácticamente todos los equipos, capaces de cambiar como del día a la noche de una semana a otra. Y enfrente, los que adjudican a la incertidumbre constante la gracia de una competencia que, por otro lado, exporta todo el tiempo sus mejores joyas restando la calidad técnica indispensable para aportarle brillo al juego.

Independiente y San Lorenzo coleccionan problemas, en los despachos y en la cotidianidad de su fútbol. Ni uno ni el otro llegaban plenos de convicción, más allá de haber triunfado en sus últimos choques. Las dudas y el frío sobrevolaban el aire de Avellaneda. Y sin embargo, armaron un clásico entretenido, vibrante, tenso, ajeno a todos los pronósticos.

Insua comenzó su tercer ciclo en San LorenzoJuan Manuel Báez - FOTOBAIRES

Rubén Darío Insua fue, en los últimos tiempos, el técnico que mejores resultados logró y más permanencia sostuvo en el banco de San Lorenzo. Lo hizo basado en defensas férreas, cerradas, agrupadas en torno a la medialuna propia. Para la inauguración de su tercer ciclo al frente del Ciclón armó una línea de tres centrales poderosos que hacía pensar en una repetición de aquella fórmula. No fue así. San Lorenzo salió a buscar al Rojo bien lejos, en su campo, y no le permitió salir de ahí durante unos primeros minutos en los que el local no acertaba un solo pase.

Cada partido de Independiente es una incógnita, que por lo general se destapa hacia el lado de la frustración. El conjunto dirigido por Jádson Viera llevaba tres encuentros en su casa sin darles a los hinchas ni siquiera la alegría de gritar un gol (dos derrotas y un 0 a 0) y con rendimientos que ocultaban la idea de juego que pudiera haber traído desde Uruguay el nuevo entrenador. Esta vez cambió el mediocampo y el sistema: ubicó a Maximiliano Meza a la izquierda de Iván Marcone para que entre los dos se ocuparan de manejar la pelota, haciendo más hincapié en el conocimiento del juego y el buen pie de ambos que en la lentitud de movimientos que venían mostrando. Acertó. Durante 40 de los 48 minutos que duró el primer tiempo, entre los dos controlaron la posesión, encontrando los espacios para recibir sin marca y, en la mayoría de los casos, dándole el destino más adecuado a sus pases, con varios y precisos cambios de frente incluidos.

Juan Miguel Arrayago anotó, de cabeza, el 1-0 de IndependienteJuan Manuel Báez - FOTOBAIRES

El nuevo/viejo técnico azulgrana muy posiblemente salió al campo con la seguridad de que, al menos, los suyos iban a ganar la batalla aérea, con tres centrales y dos delanteros por encima de los 190 centímetros, y en esa etapa inicial ninguno de sus lungos conectó con el balón en el área rival. Peor aún, dos de las mejores llegadas de Independiente fueron por arriba. La primera fue el 1 a 0. Santiago Montiel (de muy buen partido) levantó el centro desde la derecha y el pibe Juan Miguel Arrayago apareció libre por detrás de todos los gigantes para meter el cabezazo abajo.

La segunda, a los 32, fue todavía más sorprendente. El que aplicó el frentazo fue el Chimy Ávila, 20 centímetros más bajo que Emiliano Amor y compañía: el ángulo palo-travesaño izquierdo devolvió el remate. La tercera, la única por abajo, la bloqueó Danilo Arboleda en el descuento cuando el remate de Matías Abaldo al centro de Leonardo Godoy iba camino a la red.

Juan Miguel Arrayago lucha con Alexis CuelloJUAN MANUEL BAEZ

Una ventaja más amplia para el local no hubiera estado en desacuerdo con lo visto, pero no ocurrió, entonces movió piezas en el descanso Insua y encontró premio enseguida. Había sido evidente la superioridad de Marcone, Meza y Pérez Curci en el medio para trasladar el balón sin mayor oposición. El técnico cuervo incorporó a Ezequiel Herrera como lateral derecho y subió a Nicolás Tripichio a la zona de volantes. La variante igualó en sapiencia lo que sucedía por el centro del campo y facilitó la aparición en escena de Facundo Farías, el “más diferente” de los 22 que pisaban el césped.

Iban 5 de la reanudación cuando falló Mateo Pérez Curci en el corte, el exColón e Inter Miami recibió solo a 25 metros del arco, se acomodó y su zapatazo fue inatajable para Rodrigo Rey.

Lo mejor del partido

Desde entonces y hasta el cierre, el desarrollo adquirió cierta “normalidad”, con más fricción que juego, y más cansancio que claridad de ideas. San Lorenzo dejó de sufrir el toque del local y hasta sus hombres altos pusieron en aprietos en alguna ocasión a Rey. Independiente siguió insistiendo, pero aunque continuó estando más cerca del triunfo (José Devecchi desvió del ángulo izquierdo un zurdazo de Montiel y a Felipe Tempone le faltaron dos números de botín para empujar un centro bajo de Godoy), no volvió a levantar aplausos por la fluidez en la circulación de la pelota.

Fue empate, como para estirar las dos rachas que venían arrastrando. El Rojo sumó su cuarto partido al hilo sin triunfos en su casa; los de Boedo sumaron un año más -y van siete- sin perder en el Bochini. El fútbol argentino, mientras tanto, se frotó las manos: nada le gusta más que dar sorpresas hasta hacerse inentendible.

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