"Nadie había escuchado nada parecido": el extraordinario momento en que el mundo se dio cuenta de que las ballenas cantan


Fuente de la imagen, Getty Images
- Autor, Jocelyn Timperley
- Título del autor, BBC Earth *
Fecha de publicación
Tiempo de lectura: 8 min
En 1952, en plena Guerra Fría, el ingeniero de sonar estadounidense Frank Watlington estaba frente a la costa de las Bermudas, escuchando en las profundidades en busca de submarinos soviéticos y actividad sísmica.
Watlington utilizaba un tipo primitivo de hidrófono: largos cables con un micrófono en el extremo que sumergía en el océano.
Se desconoce qué operaciones militares pudo haber detectado, pero se sabe que empezó a captar algo más: unos sonidos lúgubres y desconcertantes que a veces se prolongaban durante horas.
El ingeniero estaba fascinado. No podía estar seguro, pero empezó a pensar que los producían ballenas jorobadas.
Resultó que tenía razón. Las increíbles grabaciones de Watlington y otros sobre la comunicación de las ballenas jorobadas transformarían para siempre nuestra visión de estos animales.
Cuando esas grabaciones se incluyeron en el emblemático álbum "Canciones de la ballena jorobada", los sonidos sobrenaturales del canto de las ballenas llegaron a oídos de un mundo que hasta entonces apenas sabía de su existencia.
El canto de las ballenas irrumpió en la cultura popular, convirtiéndose en la banda sonora del incipiente movimiento Salvemos a las Ballenas, que finalmente revertiría el declive de la población de ballenas jorobadas.
Una canción
Watlington comenzó a compartir sus grabaciones con los lugareños e investigadores, y en 1967 conoció a los biólogos acústicos Katy y Roger Payne, que habían viajado a las Bermudas.
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Les puso las grabaciones en la sala de máquinas de su buque de investigación —un antiguo dragaminas de madera de la Segunda Guerra Mundial— mientras el generador rugía de fondo.
Escucha el canto de ballena que ayudó a salvar a las ballenas jorobadas de la extinción.

"Lo que escuché, en condiciones increíblemente malas para escuchar algo, fue la interpretación acústica más extraordinaria e impresionante que jamás había escuchado de ningún animal hasta entonces y desde entonces", le dijo Roger, quien falleció en 2023, al podcast The Documentary de la BBC en 2020 .
La pareja quedó asombrada por los hermosos y extraordinariamente variados sonidos.
"Eran, como supimos después, los sonidos de un solo animal", le comentó Katy a la radio pública estadounidense NPR en 2015. "¡Solo un animal!".
Watlington les prestó una grabación, que Katy, Roger y sus colaboradores (el conservacionista Scott McVay, la matemática Hella McVay y la investigadora Eleanora D'Arms) comenzaron a descifrar.
Se dieron cuenta de que los sonidos se repetían en patrones largos y predecibles. "Cuando un animal emite un sonido rítmico que se repite, se dice que está cantando", le explicó Roger a la BBC.
A veces, las canciones duraban hasta media hora, para luego repetirse una y otra vez.
"En aquel entonces, el público generalmente sabía que las ballenas producían sonidos", afirma Nan Hauser, investigadora de ballenas y directora del Centro de Investigación y Conservación de Cetáceos en las Islas Cook.
Pero darse cuenta de que se trataba de un canto supuso "un enorme salto conceptual... de un animal que emite ruidos a un animal que produce una exhibición acústica extraordinariamente elaborada y organizada".
Las canciones de la ballena
Roger, un ecologista dedicado a salvar lo que él denominaba el "mundo salvaje", pronto se dio cuenta de que tenía entre manos algo más que un descubrimiento científico.
Empezó a llevarle las canciones a todo aquel que quisiera escuchar: en protestas contra la caza de ballenas, en conferencias, en cenas.
"Era como un niño pequeño con un juguete nuevo que todo el mundo tenía que escuchar", dice Iain Kerr, director ejecutivo de Ocean Alliance, una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos que Roger Payne fundó.
"Y la verdad es que fue un verdadero catalizador... de repente pensar: '¡Madre mía, estos son una especie de cantautores, compositores!'".
El canto es un comportamiento muy inusual en el mundo natural, y su asociación con las ballenas caló hondo en la gente, afirma Andy Rogan, biólogo especializado en mamíferos marinos y director de ciencia y conservación de Ocean Alliance. Aparte de los seres humanos, se creía que solo las aves cantaban, añade.
"En cierto modo, no es necesariamente tan diferente del comportamiento de otros animales... [Pero] ¿qué sentido tiene hacerlo durante media hora? Para un animal, eso consume mucha capacidad mental".
Fue en 1970 que Roger, Katy y Watlington publicaron "Canciones de la ballena jorobada"; el álbum contenía cinco grabaciones de ballenas jorobadas, elegidas específicamente por su belleza y su capacidad para conmover a las personas.

Fuente de la imagen, Ocean Alliance
El álbum fue un éxito rotundo, llevando rápidamente los evocadores sonidos de las ballenas jorobadas a millones de personas.
Vendió más de 125.000 copias, convirtiéndose en el disco de la naturaleza más vendido de la historia, y se envió un extracto a los 10,5 millones de suscriptores de National Geographic, la mayor tirada individual en la historia de la grabación.
"Nadie había escuchado nada parecido antes", afirma Kerr.
Roger utilizó el álbum para promover la protección de las ballenas, enviando copias a artistas como los Beatles y Bob Dylan. Las cantantes Judy Collins y Kate Bush incluyeron canciones sobre ballenas en sus discos.
Fragmentos del álbum se usaron en la película "Star Trek" de 1986, en una trama en la que viajan en el tiempo para rescatar ballenas jorobadas de la extinción.
En 1977 incluso se lanzó un fragmento al espacio, en el disco de oro de la Voyager 1.
Cambio de percepción
La exposición a los sonidos de las grandes ballenas antes de 1970 era poco común, dice Max Bridge, historiador ambiental de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, autor de un reciente artículo sobre la historia del canto de la ballena jorobada.
"En las películas y dibujos animados populares de la década de 1960, las grandes ballenas ficticias solían ser silenciosas o emitían gruñidos y sonidos bestiales".
El lanzamiento del álbum formó parte de un cambio más amplio en la percepción pública de las ballenas en aquel entonces, afirma Rogan. Antes, estos mamíferos solían ser vistos como algo atemorizador, por historias como "Moby Dick", o como una mercancía, explica.
"Las ballenas ahora forman parte de ese selecto grupo de animales salvajes carismáticos con los que todos crecemos... No creo que fuera así antes de que salieran estas canciones".
Cazadas durante siglos por todo tipo de productos, desde el aceite utilizado para la iluminación y el jabón hasta el ámbar gris empleado en los perfumes, a principios de la década de 1970 varias especies de ballenas se encontraban al borde de la extinción. Entre ellas, las ballenas jorobadas: quedaba menos del 5% de su población anterior a la caza.
Junto con las imágenes de ballenas siendo arponeadas tomadas a mediados de la década de 1970 por la recién creada Greenpeace, "Canciones de las ballenas jorobadas" contribuyó a impulsar un incipiente movimiento contra la caza de ballenas.
"[Permitió] que la gente común escuchara a las ballenas en sus propios hogares", asegura Hauser. "No hacía falta ser científico para conmoverse".
Ante la creciente presión, en 1972 el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Protección de Mamíferos Marinos y en 1982 se aprobó una moratoria mundial jurídicamente vinculante sobre la caza comercial de ballenas, seguida de una prohibición total en 1985-86.
Las poblaciones de algunas ballenas comenzaron a aumentar, y las ballenas jorobadas en particular han experimentado una notable recuperación. En algunos lugares, incluso se las puede observar en supergrupos de cientos de ejemplares.
Ese sonido de los 70
El descubrimiento del canto de las ballenas formó parte de una revolución más amplia en el ecologismo y la comprensión de la inteligencia animal que se estaba produciendo en aquel momento.
Rachel Carson publicó "Primavera silenciosa" en 1962, donde examinaba el impacto ambiental de los pesticidas sintéticos. El primer Día de la Tierra en 1970 movilizó a unas 20 millones de personas, mientras que científicas como Jane Goodall y Dian Fossey se dedicaban a transformar nuestra comprensión de otros primates inteligentes.
El canto de las ballenas comenzó a considerarse un símbolo de una crisis ecológica más amplia, incluso como "súplicas lastimeras del mundo natural", afirma Bridge.
Sin embargo, a finales de la década de 1970, la cultura popular estadounidense se volvió más cínica hacia los símbolos del ecologismo serio, como las ballenas o su canto, añade.
Posteriormente, en la década de 1980, se adoptó como un sonido clave de la música New Age. Incluso hoy en día, todavía se considera en gran medida una especie de relajante para el estrés de la vida de oficina, concluye Bridge.

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Al mismo tiempo, el descubrimiento del canto de las ballenas ayudó a impulsar la biología moderna de estos animales, que hasta entonces habían sido poco estudiados, afirma Rogan.
Katy descubrió que todos los machos de una zona cantan prácticamente la misma canción, y que esta evoluciona con el tiempo.
Ahora sabemos que estas canciones también pueden propagarse de una población a otra a través de enormes distancias, a veces reemplazando rápidamente a una canción local anterior.
"Estamos presenciando cómo la cultura se expande a través de un océano", afirma Hauser.
Y si bien las ballenas jorobadas poseen el canto más complejo conocido entre las ballenas (que incluso muestra algunos rasgos del lenguaje humano), los sonidos de otras ballenas también han asombrado a los investigadores.
Ahora por ejemplo se sabe que los cachalotes, que se comunican mediante secuencias de clics similares al código Morse —conocidas como codas—, tienen dialectos regionales y que los machos también emiten clics separados, más lentos, más profundos y enormemente fuertes.
Y los inmensos llamados de la ballena azul, demasiado graves para que el oído humano los perciba, pueden viajar hasta 1.600 km.
Algunos investigadores incluso intentan conversar con las ballenas y descifrar lo que dicen. Al final de su vida, Roger se involucró en este esfuerzo.
Actualmente existen miles de grabaciones de sonidos de ballenas y de otros seres de la naturaleza que resultan agradables al oído humano. Sin embargo, Kerr sostiene que ninguna posee la armonía ni el encanto de aquellas grabaciones de los años 70.
"Tienen una estética maravillosa, una especie de voz crepitante y evocadora que surge de las profundidades".
Quizás ese período coincidió con un canto especialmente bello de las ballenas jorobadas, dice Alyssa Wile, encargada de digitalizar y archivar la vasta colección de sonidos de mamíferos marinos de Ocean Alliance desde la década de 1950 hasta la de 1990, incluyendo muchos captados por Katy y Roger.
Wile aún recuerda la primera vez que escuchó "Canciones de la ballena jorobada" cuando era niño: "Es extraordinario, y cada vez que lo escucho, se me pone la piel de gallina".
Hoy en día, las ballenas compiten en un entorno sonoro muy diferente, dominado por el ruido antropogénico, lo que hace que proteger las grabaciones antiguas sea de vital importancia, afirma.
"Estas grabaciones preservan un momento concreto en el espacio y el tiempo, así como a individuos específicos", explica. "Podemos rastrear esos cambios a lo largo del tiempo, cómo se comunican las ballenas de manera diferente, cómo ha cambiado el propio entorno sonoro".
Las ballenas aún se enfrentan a numerosas amenazas, desde colisiones con barcos y y quedar atrapadas en redes hasta la caza que continúa en algunos países, pasando por la contaminación acústica y el calentamiento de los océanos.
Hoy en día, una de cada cuatro especies de ballenas está amenazada de extinción, frente a una de cada siete en 1991.
Sin embargo, "Canciones de la ballena jorobada" fue sin duda uno de los principales catalizadores para la protección de las ballenas, afirma Hauser.
"La mayoría de la gente que jamás vería una ballena jorobada viva, de repente podía poner un disco y escucharla", explica.
"Así, la conversación ya no se limitaba a '¿Cuántas ballenas quedan?', sino que se convertía en '¿Qué clase de seres estamos matando?'".
* Jocelyn Timperley es periodista sénior del equipo de reportajes científicos de la BBC. Si quieres leer más artículos de BBC Future en inglés, haz clic aquí
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