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Monday, October 5, 2026

Retrasar el uso del celular

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Para investigadores de la talla de Jonathan Haidt, no quedan ya dudas respecto de que los celulares en manos de niños son “bloqueadores de experiencias”. Tener un celular que captura su atención de manera adictiva es inevitablemente alejar las probabilidades de que crezcan en el mundo real, corriendo progresivamente sus propios límites, tomando pequeños riesgos, empoderándose, compartiendo tiempo y experiencias con otros chicos y volviéndose naturalmente más empáticos. Creer que los chicos están más protegidos dentro del hogar que fuera es un error al que solo conduce la ansiedad parental: no los dejamos subir a un árbol por temor, pero accedemos a que estén por horas conectados en redes sin registro del peligro. Además de promover el juego libre y una mayor independencia de los chicos, Haidt destaca la importancia de desarrollar su concepto de responsabilidad. El programa “Déjalo crecer” que diseñó incentiva a que los chicos dediquen algo de su tiempo a nuevas tareas por fuera del mundo digital.

En este espíritu, hace unos meses que la ciudad de Buenos Aires promueve un Compromiso Familiar por Estudiantes sin Celular. Más de 107 mil familias estuvieron de acuerdo en no entregar teléfonos inteligentes a sus hijos antes de que terminen la primaria. Así surgió de un acuerdo voluntario lanzado en febrero pasado entre adultos a cargo de alumnos de 1300 establecimientos mayormente públicos y privados porteños.

Desde la cartera educativa porteña, a cargo de Mercedes Miguel, se enviaron correos electrónicos a las familias invitándolas a adherir a la propuesta, dando la opción de elegir hasta qué edad no entregar un celular, pero recomendando que fuera hasta el ingreso al secundario.

Para que los padres de distintos alumnos de un mismo establecimiento se registren y adhieran a la propuesta, el gobierno diseñó la plataforma Escuela en Familia. Aconsejan que la cuestión se difunda y sea motivo de conversación entre familias de amigos, que se acuerden anticipadamente tiempos de uso y momentos de desconexión para evitar en los chicos la sensación de “quedarse fuera”, como así también el uso de herramientas de control parental y el incentivo de actividades alejadas de las pantallas.

Unicef corroboró en 2025 que los chicos reciben su primer teléfono a los 9,6 años en promedio. Hoy vemos cuán caras se pagan esas equivocadas decisiones. Que los padres coordinen acciones en este campo, haciéndose verdadero cargo de la crianza de los hijos -sin esperar la intervención del Estado o los cambios en las plataformas- parece ser la única forma de no condenarlos a quedar aislados de sus amigos si se les restringe el uso del dispositivo.

Alcanzar este tipo de acuerdos reduce la tensión entre los chicos y sus familias, se evitan las comparaciones y se fijan reglas más claras y previsibles para todos. Promover hábitos digitales más sanos que favorezcan el bienestar emocional e impacten más beneficiosamente sobre los aprendizajes es básico.

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