¿Quién mató al famoso arqueólogo británico James Starkey hace 88 años? Descubren nuevas pistas sobre un crimen que desconcertó a los historiadores
Un estudio recupera documentos y testimonios palestinos que relacionan el asesinato de James Leslie Starkey en 1938 con un prolongado conflicto por la propiedad de las tierras de Laquis.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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El 10 de enero de 1938, el arqueólogo británico James Leslie Starkey abandonó el yacimiento de Laquis, en el sur de Palestina, para dirigirse a Jerusalén. Allí debía asistir a la inauguración del Museo Arqueológico de Palestina, conocido actualmente como Museo Rockefeller. Nunca llegó a su destino. Un grupo de hombres armados interceptó el automóvil en el que viajaba cerca de Hebrón y acabó con su vida.
El asesinato conmocionó al mundo académico. Starkey dirigía una de las excavaciones arqueológicas más importantes de Oriente Próximo y su trabajo estaba contribuyendo a reconstruir la historia de una de las principales ciudades del antiguo reino de Judá. Las autoridades británicas atribuyeron su muerte a la violencia que acompañaba a la revuelta árabe contra el dominio colonial.
Sin embargo, casi nueve décadas después, dos investigadores han recuperado documentación que permite reconstruir una historia bastante más compleja. El arqueólogo Yosef Garfinkel, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y el historiador Roy Marom, del Instituto Van Leer de Jerusalén, sostienen que Starkey pudo ser víctima de un asesinato organizado por personas vinculadas a una disputa territorial que llevaba años deteriorando las relaciones entre la expedición británica y los habitantes de una localidad cercana.
La investigación, publicada en la revista científica Bulletin of the History of Archaeology, combina documentos administrativos del Mandato británico, archivos de inteligencia y testimonios palestinos transmitidos entre generaciones.
El conflicto que comenzó bajo las ruinas de una ciudad bíblica
Para comprender lo sucedido hay que regresar a 1932, cuando Starkey comenzó a excavar Tell ed-Duweir, identificado con la antigua Laquis. El enclave había desempeñado un papel destacado en la historia de Canaán y del reino de Judá, y sus restos despertaban un enorme interés entre los especialistas.
Sin embargo, aquellas colinas no estaban deshabitadas ni carecían de propietarios. Las tierras pertenecían a familias de al-Qubayba, una población palestina cuyos habitantes cultivaban los campos y utilizaban el entorno para alimentar a sus animales. La llegada de la expedición transformó progresivamente aquella actividad agrícola.
Los responsables de las excavaciones intentaron comprar o alquilar los terrenos necesarios. Las negociaciones fueron complicadas desde el principio y, aunque algunos propietarios aceptaron determinados acuerdos, otros se resistieron a abandonar unas parcelas de las que dependía su subsistencia.

En abril de 1934, las autoridades británicas recurrieron a la expropiación del terreno arqueológico. El procedimiento abrió un prolongado conflicto administrativo porque las indemnizaciones no llegaron a resolverse definitivamente hasta 1943, cuando Starkey llevaba cinco años muerto.
La situación tampoco afectó por igual a todos los habitantes. La expedición proporcionaba trabajo, asistencia médica y otros beneficios a numerosas familias. Sin embargo, quienes habían perdido sus tierras y quedaron excluidos de los empleos tenían motivos para contemplar las excavaciones de manera muy diferente.
Una carta de 1937 revela el malestar de los campesinos
Entre los documentos examinados por los investigadores destaca una reclamación fechada el 4 de mayo de 1937. Su autor, el propietario palestino Ṣāliḥ al-Ḥājj Ḥamad Abū ʿAwwād, acudió al Departamento de Antigüedades para denunciar los problemas que mantenía con Starkey.
Según su relato, cuatro años antes se habían utilizado 48 dunams de sus terrenos, una superficie equivalente aproximadamente a 4,8 hectáreas. La extensión ocupada se redujo en las temporadas posteriores, pero el agricultor aseguraba que seguía sin recibir las cantidades prometidas.
El documento tiene especial interés porque fue redactado meses antes del asesinato. No constituye una prueba de participación en el crimen, pero confirma que existían reclamaciones económicas concretas y que algunos propietarios consideraban agotadas las posibilidades de obtener una solución.
La respuesta administrativa tampoco resolvió el enfrentamiento. El responsable británico al que se dirigió la petición indicó al agricultor que trasladara sus futuras reclamaciones al propio Starkey o al funcionario del distrito de Hebrón.
A este expediente se suman testimonios recopilados por el Palestinian Rural History Project. Una entrevista realizada en enero de 2025 conserva el recuerdo de familias que se opusieron a la pérdida de sus tierras y a la eliminación de árboles. El testimonio no identifica a los asesinos, aunque permite comprender la profundidad del conflicto.

La emboscada de Hebrón y el sospechoso que aparece en los archivos
La reconstrucción del ataque ofrece otro elemento importante. Starkey viajaba en un taxi cuando varios hombres armados detuvieron el vehículo. Según la declaración conservada de su conductor, los asaltantes preguntaron por la identidad del pasajero y, tras conocer su relación con las excavaciones, permitieron que el chófer se marchara.
Poco después se produjeron los disparos. Para los autores del estudio, aquella identificación previa resulta significativa porque encaja con la posibilidad de un asesinato dirigido contra una persona concreta y no simplemente con un robo fortuito.
Los investigadores señalan al comandante rebelde palestino ʿĪsā al-Baṭṭāṭ como presunto ejecutor. También examinan el posible papel de ʿAbd al-Raḥmān al-ʿAzza, un dirigente local que habría servido de enlace entre los propietarios descontentos y los insurgentes.
La hipótesis plantea además que los atacantes eligieron actuar lejos del yacimiento para evitar represalias británicas contra al-Qubayba. Sin embargo, esta explicación sobre el lugar del crimen continúa siendo una interpretación histórica, no un hecho demostrado.

Un crimen que obliga a revisar la historia de la arqueología colonial
El estudio no aporta una confesión definitiva ni permite identificar con absoluta certeza a todos los participantes. Su principal contribución consiste en reunir indicios procedentes de fuentes diferentes y relacionarlos con un conflicto documentado antes del asesinato.
La muerte de Starkey se produjo durante la revuelta árabe de 1936-1939, cuando la oposición al dominio británico había desembocado en una insurrección armada. En aquel escenario, las disputas por la propiedad, las decisiones administrativas y el descontento político podían adquirir consecuencias especialmente graves.
La nueva investigación invita así a contemplar las excavaciones de Laquis desde una perspectiva distinta. Detrás de los descubrimientos arqueológicos existían comunidades rurales cuyos intereses no siempre coincidían con los de quienes estudiaban su pasado.
Ochenta y ocho años después, el asesinato de Starkey continúa rodeado de incertidumbres. Pero los documentos recuperados apuntan a que su muerte pudo tener raíces mucho más próximas al yacimiento que excavaba de lo que durante décadas se había reconocido.
Referencias
- Roy Marom et al., The Murder of J. L. Starkey According to Local Palestinian Sources: Anti-Colonial Struggle and Local Intrigues, Bulletin of the History of Archaeology (2026). DOI: 10.5334/bha-749
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