Inexperiencia y juventud

La crisis por las rebajas de condena a sentenciados por delitos sexuales contra menores ha dejado al ministro Fernando Rabat sin piso político. Cuando los mismos partidos que integran el gobierno piden su salida, ya no se trata de una ofensiva opositora, sino de un desahucio desde la propia casa. La Moneda, en tanto, responde que “nadie está pensando en un cambio de gabinete” y el Presidente insiste —desde Europa— en que la responsabilidad política la asumió él. Pero asumir una responsabilidad sin consecuencias no es asumirla: es diferirla.
El caso no es una excepción, sino un síntoma de un gobierno que no logra coordinarse consigo mismo. Justicia, cuando estalla el escándalo, suspende las rebajas; el vocero descarta cambios mientras sus socios se reúnen de emergencia; Ciencia es intervenida desde La Moneda, y pareciera que nadie supiera bien qué hace el Segundo Piso. A ocho meses de asumir, esto ya no es instalación. Es método. La explicación más plausible es la inexperiencia. El Partido Republicano es una colectividad joven, que entra a la política electoral el 2021, sin trayectoria en el Estado, que llegó al poder con un gabinete de gestión y sin oficio para la conducción política.
Lo que en campaña fue un activo -apartarse de los partidos tradicionales- hoy es un pasivo: gobernar exige negociar con socios que no le deben lealtad, y eso no se aprende desde la oposición. Ahora hablar de sumar ministros más políticos es una confesión tardía. La pregunta es si el Presidente aceptará compartir el poder o si seguirá confundiendo terquedad con firmeza, y firmeza con conducción.
Michelle Hafemann Berbelagua
Académica Instituto de Ciencia Política UC
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