Científicos analizan 19 glaciares del Ártico y detectan hasta 425 veces más metano de lo esperado: estaba oculto en antiguas rocas bajo el hielo
Un estudio de 19 glaciares de Svalbard descubre aguas con hasta 425 veces más metano de lo esperado y revela que parte del gas procede de antiguas rocas ocultas bajo el hielo.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
El hielo de Svalbard no solo está desapareciendo. Bajo algunos de sus glaciares existe una reserva de gas antiguo que el agua de deshielo puede transportar hasta la superficie. Un estudio publicado en Nature Communications acaba de mostrar hasta qué punto este fenómeno está extendido por el archipiélago noruego.
Los investigadores analizaron 148 muestras de agua procedentes de los ríos que nacen en 19 glaciares de valle del centro de Svalbard. El resultado fue llamativo: todos los sistemas estudiados presentaban aguas sobresaturadas de metano. En los casos más extremos, las concentraciones alcanzaron hasta 425 veces el nivel que cabría esperar si el agua estuviera simplemente en equilibrio con la atmósfera.
El descubrimiento añade una pieza inesperada al complejo puzzle del calentamiento del Ártico. Durante años, buena parte de la atención se ha dirigido hacia el metano generado por microorganismos o liberado al descongelarse el permafrost. Aquí sucede algo diferente. Buena parte del gas detectado es mucho más antiguo y procede de las propias rocas situadas debajo del hielo.
En otras palabras, algunos glaciares de Svalbard funcionan como una enorme cubierta helada sobre terrenos capaces de almacenar hidrocarburos. Mientras el hielo permanece sobre ellos, parte de ese metano puede quedar aislado. Pero el agua procedente de la fusión superficial encuentra grietas y conductos, alcanza el lecho glaciar y puede terminar arrastrando el gas hacia los ríos.
Para averiguar de dónde procedía el metano, el equipo no se limitó a medir su concentración. Estudió también su composición isotópica y buscó otros hidrocarburos, entre ellos etano y propano. La combinación de estas señales apunta a que en la mayoría de los lugares investigados domina el metano termogénico.
Su origen es muy distinto al del metano producido recientemente por microorganismos. El termogénico está relacionado con materia orgánica que quedó enterrada y fue transformada durante enormes escalas de tiempo bajo determinadas condiciones de presión y temperatura. Svalbard reúne precisamente una geología favorable: existen extensas formaciones sedimentarias, incluidas capas de lutitas ricas en materia orgánica y sistemas naturales de hidrocarburos.

Eso ayuda a explicar por qué el fenómeno puede ser especialmente importante allí. En Groenlandia también se ha encontrado metano transportado por aguas glaciares, pero en ambientes dominados por roca cristalina su procedencia puede ser principalmente microbiana. En Svalbard, en cambio, las propias formaciones geológicas ofrecen una fuente abundante de gas antiguo.
La erosión glaciar podría contribuir al proceso. El movimiento del hielo tritura y fractura el terreno, mientras el agua que circula por debajo puede entrar en contacto con rocas y sedimentos. Si esas formaciones contienen metano, el sistema de drenaje acaba funcionando como una vía de transporte desde el subsuelo hasta el exterior.
Las 148 muestras recogidas en 19 ríos glaciares presentaron sobresaturación de metano, con concentraciones que llegaron a ser hasta 425 veces superiores al equilibrio atmosférico.
Uno de los resultados más interesantes del trabajo es que tener las rocas adecuadas no garantiza una gran liberación de gas. El estado térmico de la base del glaciar resulta igualmente decisivo.
Los científicos recurrieron a radar de penetración terrestre para estudiar varios glaciares y determinar qué proporción de su base contenía hielo templado. Cuando el lecho está descongelado, el agua puede circular y establecer una conexión mucho mayor con el terreno. Si permanece congelado, esa comunicación se reduce drásticamente.

Las diferencias son enormes. Ragna Mariebreen, asentado sobre una geología favorable y con un lecho hidrológicamente activo, alcanzó una concentración de 1.700 nanomoles de metano por litro cerca de su frente. Otros glaciares, pese a encontrarse sobre formaciones potencialmente ricas en hidrocarburos, presentaron cifras mucho menores cuando su base estaba más congelada.
El análisis estadístico refuerza esta interpretación. La geología por sí sola explicó aproximadamente el 52% de la variación observada en las concentraciones estudiadas. Al incorporar la proporción de hielo basal templado, el modelo llegó a explicar alrededor del 75%. El escenario más favorable para movilizar metano aparece, por tanto, cuando coinciden dos ingredientes: rocas ricas en materia orgánica y un lecho glaciar suficientemente descongelado para permitir que circule el agua.
Los mayores niveles de metano aparecen cuando coinciden dos factores: formaciones geológicas ricas en lutitas y un lecho glaciar descongelado por el que puede circular el agua.
El deshielo puede abrir una ventana temporal para las emisiones
El comportamiento del metano tampoco termina en el frente del glaciar. Generalmente su concentración disminuye río abajo porque parte escapa hacia la atmósfera, pero los investigadores detectaron aumentos posteriores en numerosos cauces. En el 68% de los ríos, la concentración máxima apareció lejos del frente glaciar, una señal de que las aguas subterráneas del terreno recientemente descubierto también pueden incorporar metano al sistema.
El equipo realizó además una primera estimación de la magnitud del fenómeno. Dependiendo del método empleado para extrapolar los datos, los glaciares terrestres de Svalbard podrían transportar aproximadamente entre 182 y 368 toneladas de metano al año mediante sus aguas de deshielo. Los autores advierten de que son cálculos aproximados y probablemente conservadores.

Eso no convierte a los glaciares en una fuente comparable a las grandes emisiones humanas. La relevancia científica está en otro lugar: demuestra la existencia de un mecanismo natural capaz de trasladar carbono geológico antiguo hasta la atmósfera y cuyo funcionamiento depende directamente de la transformación de los glaciares.
Y existe una paradoja. Más fusión puede llevar inicialmente más agua hasta el lecho y aumentar el lavado de metano. Sin embargo, los glaciares de valle de Svalbard pueden enfriarse en su base a medida que adelgazan y retroceden. Si finalmente quedan congelados al terreno, la circulación subglacial disminuye y con ella podría reducirse el transporte del gas.
Por eso el descubrimiento va mucho más allá de Svalbard. Regiones glaciadas asentadas sobre provincias geológicas ricas en hidrocarburos podrían esconder mecanismos semejantes. El mapa del futuro metano ártico quizá no dependa únicamente de dónde desaparezca el hielo, sino también de algo que hasta ahora permanecía mucho menos visible: qué rocas hay debajo.
Referencias
- Subglacial geology and thermal conditions regulate methane emissions from Svalbard glaciers, Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-77190-z
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.