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Friday, September 11, 2026

Nuestros antepasados ya buscaban colocarse hace 25.000 años. Unos dientes acaban de dejar la primera prueba

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La historia está llena de momentos increíbles que marcan un antes y un después en lo que conocemos a día de hoy. Lo último que acabamos de conocer está relacionado con las sustancias psicoactivas, puesto que ahora las pruebas químicas más antiguas sobre el consumo de drogas vegetales apuntaban a unos 4.000 años de antigüedad. Sin embargo, un nuevo hallazgo en el Sudeste Asiático ha retrocedido el reloj, demostrando que nuestros antepasados ya buscaban activamente los efectos de ciertas plantas neuroactivas durante el Pleistoceno tardío.

Lo que se ha visto. Este descubrimiento ha sido publicado en la revista Science Advances y en este se relata cómo los investigadores centraron su estudio en los restos humanos de dos individuos cazadores-recolectores hallados en la isla de Sulawesi, en Indonesia. Y no eran precisamente muy contemporáneos, puesto que las dataciones de estos restos nos sitúan en dos ventanas temporales muy lejanas: uno vivió entre hace 25.000 y 16.000 años, y el otro entre 7.600 y 6.300 años.

Lo que llamó la atención de los científicos fue un peculiar patrón de desgaste en sus dentaduras, puesto que ambos individuos presentaban unos surcos profundos y redondeados en los dientes, una marca física compatible con el hábito de mantener y succionar un objeto duro y esférico durante periodos prolongados.

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Lo que era. Para la arqueología moderna no es suficiente con hacer suposiciones visuales basándose en los dientes, sino que aplicaron análisis biomoleculares para encontrar el "arma humeante" que era la arecolina. Una sustancia bastante importante, porque se trata de uno de los principales alcaloides psicoactivos presentes en la nuez de areca. 

La combinación de estas dos líneas de evidencia, el desgaste físico extremo y la firma química de la arecolina, resulta clave, puesto que, a diferencia del consumo moderno de la nuez de betel (que se suele mezclar con hoja de betel y cal para potenciar el efecto), los datos apuntan a que estos individuos succionaban la nuez de areca entera. Y según los experimentos citados en el estudio, esta fricción y succión constante es suficiente para liberar la arecolina y producir efectos fisiológicos y psicoactivos en el organismo.

Lo último que conocemos. En ciencia, los matices son todos y aquí, aunque estamos ante un hallazgo revolucionario los autores apuntan a que solo estamos ante la prueba publicada más antigua del consumo habitual de una planta neuroactiva. 

Además, el concepto de "droga" es un cajón de sastre que incluye desde medicinas y analgésicos hasta sustancias fermentadas, muchas de las cuales no dejan rastro arqueológico. De hecho, existen evidencias de que los neandertales ya consumían cortezas de plantas con salicilatos (el principio activo de la aspirina) con posibles fines medicinales, aunque eso no demuestre un uso recreativo o psicoactivo continuado.

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Por qué lo tomaban. La mala salud bucal observada en los restos analizados sugiere una hipótesis funcional muy interesante, que es el dolor. Los autores plantean que el hábito de succionar la nuez de areca pudo originarse como un intento desesperado por aliviar el dolor dental agudo. Dado que la arecolina tiene efectos fisiológicos reconocidos, es muy probable que funcionara como un analgésico primitivo. Pero aquí los dientes nos hablan de química y fricción, pero no pueden revelarnos la intención subjetiva del individuo, ya que la frontera entre el uso medicinal y el recreativo en la prehistoria sigue siendo un territorio borroso.

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