La sorprendente historia de la torre medieval italiana que tuvieron que recortar porque se inclinaba peligrosamente
Construida hace más de 900 años en Bolonia, la torre Garisenda llegó a inclinarse tanto que sus autoridades decidieron reducir su altura. Incluso Dante dejó constancia de su aspecto inquietante.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Mucho antes de que la torre de Pisa se convirtiera en uno de los monumentos más reconocibles de Italia, otra ciudad ya tenía sus propios problemas con las construcciones inclinadas.
En pleno centro de Bolonia se levanta una torre medieval que lleva siglos desafiando a la gravedad. Su inclinación es tan pronunciada que, vista desde determinados ángulos, produce la inquietante sensación de que podría desplomarse sobre quienes pasan junto a ella.
Se llama Garisenda y fue construida a comienzos del siglo XII, cuando las familias más poderosas de Bolonia competían por levantar edificios cada vez más altos.
Pero aquella demostración de riqueza terminó convirtiéndose en un problema.
Durante la Edad Media, la inclinación de la torre llegó a resultar tan preocupante que sus autoridades tomaron una decisión extraordinaria: eliminar aproximadamente doce metros de su estructura para reducir el riesgo de derrumbe.
Y lo más sorprendente es que, antes de aquella intervención, uno de los escritores más célebres de la historia ya había dejado constancia de su inquietante aspecto.
La ciudad italiana donde las familias competían por construir torres
Para comprender la historia de la Garisenda debemos imaginar cómo era Bolonia durante los siglos XI y XII.
La ciudad experimentaba un importante desarrollo económico y urbano. Algunas de sus familias más influyentes construyeron grandes torres que reflejaban su posición social.
Estas edificaciones podían desempeñar funciones defensivas, pero también constituían símbolos de prestigio y poder. Y es que, cuanto más elevada era una torre, más visible resultaba la riqueza de quienes habían financiado su construcción.
Durante la Edad Media, Bolonia llegó a contar con numerosas estructuras de este tipo, aunque se desconoce su número exacto en cada periodo.
Entre las más famosas se encuentran las dos torres que todavía dominan uno de los espacios más reconocibles del centro histórico: la Asinelli y la Garisenda.
La primera alcanza aproximadamente 97 metros de altura. La segunda es considerablemente más baja, pero posee una característica que la hace especialmente llamativa: su pronunciada inclinación. Y no siempre tuvo las dimensiones que conocemos actualmente.

Una torre que perdió doce metros de altura
La Garisenda fue levantada a comienzos del siglo XII y originalmente alcanzaba aproximadamente 60 metros. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a manifestarse problemas relacionados con su estabilidad. La explicación generalmente aceptada vincula su inclinación con asentamientos desiguales de la cimentación y del terreno sobre el que descansa.
Esta situación provocó que la estructura se desviara progresivamente de la vertical. El problema acabó adquiriendo una gravedad suficiente como para justificar una intervención importante.
Entre 1350 y 1353, durante el siglo XIV, se redujo su altura hasta aproximadamente 48 metros. La torre perdió así alrededor de una quinta parte de su elevación original. Aquella transformación modificó para siempre su silueta, aunque no eliminó la inclinación que la había convertido en una construcción singular.
En la actualidad, los estudios técnicos describen una desviación respecto a la vertical de aproximadamente 3,3 metros.
Para comprender lo que significa, basta imaginar que la parte superior de un edificio de casi cincuenta metros se encuentra desplazada más de tres metros respecto a la posición que debería ocupar sobre su base.
Dante ya había advertido su inclinación
Uno de los testimonios históricos más fascinantes sobre la Garisenda aparece en la Divina comedia, escrita por Dante Alighieri durante las primeras décadas del siglo XIV.
En el canto XXXI del Infierno, el poeta utiliza la torre boloñesa para describir una escena protagonizada por el gigante Anteo. Dante compara la impresión que produce el gigante al inclinarse con la sensación que experimenta alguien cuando contempla la Garisenda desde abajo mientras las nubes se desplazan sobre ella.
El efecto visual resulta especialmente inquietante: el movimiento de las nubes puede hacer que la torre parezca inclinarse todavía más, como si estuviera a punto de caer.
La referencia literaria tiene un enorme valor histórico. Dante murió en 1321, varias décadas antes de que la Garisenda fuera rebajada. Por tanto, su descripción demuestra que la inclinación ya era suficientemente llamativa como para convertirse en una imagen reconocible para los lectores de su época.

¿La construyeron inclinada deliberadamente?
Alrededor de la Garisenda también surgió una leyenda especialmente curiosa. Según esta tradición, sus constructores habrían decidido inclinarla intencionadamente para conseguir que destacara frente a otras torres de Bolonia.
Sin embargo, esta explicación no cuenta con el respaldo de los estudios estructurales. La inclinación se relaciona principalmente con problemas de asentamiento y estabilidad, no con un supuesto proyecto arquitectónico destinado a construir una torre torcida.
Además, investigaciones sobre sus materiales han documentado procesos de deterioro en los bloques de selenita utilizados en la zona inferior de la estructura.
La humedad y los efectos de antiguos incendios han contribuido a alterar algunas de estas piedras, un problema importante para comprender su comportamiento estructural a lo largo del tiempo.
La historia de la Garisenda demuestra que los grandes edificios medievales no solo representaban el poder económico de sus propietarios. También podían convertirse en desafíos constructivos extraordinariamente complejos.
Hace más de seis siglos, las autoridades de Bolonia tuvieron que sacrificar parte de una de sus torres más emblemáticas para intentar conservar el resto. Y aquella construcción que preocupaba a los habitantes medievales continúa siendo uno de los testimonios más sorprendentes del pasado de la ciudad.
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