Una arquitecta reformó su PH en Coghlan e hizo de los techos y el patio el centro del proyecto

Por su espíritu barrial y su escala baja, la zona de Coghlan y Saavedra era la elegida por la arquitecta Carla Scuticchio, de Estudio NU, y Juan, su pareja, para su próxima casa. Pero el hallazgo tardó en llegar. ¿Lo que soñaban? Tener techos altos con bovedilla. Visitaron 35 propiedades antes de dar con este PH que, en un principio, no tenía ese innegociable. Pero venía con otro punto fuerte.
Faltaba el techo que buscábamos, pero nos enamoramos de este PH: era de calidad y tenía un patio al contrafrente que le daba una intimidad absoluta, algo como recluido en la ciudad. Era espectacular.”
— Arq. Carla Scuticchio, directora de Estudio NU y dueña de casa
Planes
Después de visitarlo por primera vez, volvieron una segunda, esta vez con más gente para tener otras perspectivas. En una cafetería, esbozaron plantas e ideas. Una vez escriturado, Carla regresó acompañada por su padre. Fue ahí cuando decidieron romper el cielorraso del área social, y apareció lo que tanto añoraba: su PH tenía, finalmente, un techo de bovedilla.
“Cuando apareció ese techo original, el pensamiento más integral de la casa tomó forma. Eso definió la altura de la línea del revoque, las ventanas y la elección del blanco para que no compitiera con los ladrillos”.
Enlace
“Originalmente, el PH tenía cuatro ambientes cerrados e interconectados: dos al frente y dos con vistas a un patio interno. Todos tenían ventanas chicas, poca luz natural y escasa ventilación”, recuerda la arquitecta. Cambiar eso se convirtió en uno de los objetivos de la reforma, que logró integrar cocina, living y espacio de trabajo-recibidor.
“Al demoler muros, integramos tres de los cuatro ambientes en un único espacio social orientado hacia el patio. Así, generamos ventilación cruzada y aprovechamos el ingreso de luz desde la calle”.
Durante la obra, un derrame de agua arruinó un sector del piso de madera. Pensando en el futuro, Carla midió, planificó e hizo un corte diagonal. Reemplazó por baldosas de terrazo, superficie que hoy funciona como recibidor y que más adelante alojará la escalera, cuando decidan ampliar y construir una planta alta.
Prioridad
Al inicio de la obra –que realizó junto a Tonio Querol, también de Estudio NU–, tomó una decisión fundamental: “El mejor espacio era el que daba al patio. Dudábamos si ubicar allí el cuarto o el estar, y finalmente nos inclinamos por el estar integrado. Fue un acierto absoluto, nos la pasamos ahí”, asegura.
“Los planos verticales se recortaron de manera precisa a la altura del cielorraso demolido, por debajo de la textura del ladrillo, respetando el patrimonio y poniendo en valor el paso del tiempo a través de las distintas capas constructivas”.
Extra
“Al ser mi propia clienta, me permití algunas cosas que en general no hago, como ciertas decisiones sobre la marcha. La lucarna del baño fue una de esas”, dice Carla.
Al demoler los muros y abrir el espacio para las nuevas carpinterías, entraba más luz, pero el baño seguía siendo oscuro. Corriéndose un poco del presupuesto previsto, decidió abrir un hueco en el techo.
“La lucarna se convirtió en protagonista: todo el que viene comenta algo. Además, gracias a los paneles de vidrio, la luz se expande desde ahí a toda el área social”.
Reflejo
“Evaluamos todos los colores posibles, pero finalmente elegimos el blanco”, dice Carla. “Primero, porque no quería que el techo de ladrillos tuviera competencia. Segundo, porque el patio tiene orientación norte, y así el sol rebota mejor hacia el interior de la casa”, especifica.
“El fresno del patio ya estaba, pero creció un montón desde que lo rodeamos de otras especies. Me encantan las plantas, y por eso están por todos lados”.
“La reforma rescató la esencia del PH, honrando su historia e identidad, pero sin dejar de hacer una intervención adaptada a la actualidad y a lo que necesitábamos”.
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