Ineludible cambio en el diseño político del gobierno
Durante su gira por Europa, el Presidente José Antonio Kast descartó la posibilidad de realizar un cambio de gabinete -ello habría sido una salida para atenuar la crisis política que se generó tras la firma de decretos que permitieron reducir las condenas de abusadores y violadores de menores de edad, lo que puso en una posición insostenible al ministro de Justicia Fernando Rabat-, predicamento que fue refrendado el viernes, tras un comité político citado por el Mandatario. “Todos los ministros cuentan con la confianza del Presidente”, señaló el vocero. No fue lo único, porque anteriormente el Mandatario decidió redoblar la apuesta, asumiendo la responsabilidad política por el desaguisado de Rabat -ello, dijo, es lo que corresponde a un Presidente de la República, quien designa a los ministros- e incluso desafió a la oposición a que acelerara la presentación de la acusación constitucional contra Rabat, para despejar si acaso cuentan con los votos para ello.
Los costos que ha pagado el gobierno, y el Mandatario en lo particular, por defender a ultranza a Rabat han sido altísimos, como se refleja en diferentes estudios de opinión, los que coinciden en mostrar un acelerado desplome en los índices de aprobación. Es evidente que la ciudadanía no comprende que cuando el propio jefe de Estado reconoce que se ha cometido un error grave, aun así no haga efectivas las responsabilidades propias de los cargos ministeriales -todavía más inentendible es que haya decidido asumir personalmente el costo político de dichas decisiones-, lo cual no solo amplifica los efectos de esta crisis, sino que además expone a que La Moneda y el oficialismo salgan muy dañados de la acusación constitucional contra Rabat aun si esta se pierde, porque finalmente el encuadre que previsiblemente se instalará es que la derecha se puso de acuerdo para defender a alguien responsable de haber liberado a pederastas producto de un errado criterio para aplicar las normas.
Desde luego el caso Rabat no es el único problema que atormenta a La Moneda; resulta evidente que a lo largo de estos casi ocho meses de mandato se han incurrido en varios traspiés que han terminado por producir un fuerte desgaste, atentando contra la idea de una administración que se supone venía a marcar una diferencia en gestión. En buena medida ello es el resultado del diseño sobre el cual se ha estructurado el gabinete, basado en la noción de mantener a raya a los partidos y privilegiar en cargos clave a figuras independientes, varias de ellas con escasa trayectoria política y desde luego sin capacidad para funcionar a su vez como contrapesos al propio Mandatario cuando este comete errores o dilata decisiones importantes. Es evidente que dicho diseño ya no cuajó, y cuanto más se demore el Mandatario en reconocerlo los problemas de gestión se prolongarán y el daño en popularidad se irá acentuando. Así, todo indica que ha llegado la hora de llevar a cabo un rediseño profundo, donde el eje rector debería ser reforzar la mirada política sobre todo en aquellas áreas clave del gobierno, lo que implicaría llamar al gabinete a figuras con mayor tonelaje político, apostando a que de esa forma sería posible dar una mayor dirección al gobierno y conectarlo mejor con la propia ciudadanía.
Nuestra historia política reciente muestra que los gobiernos de los presidentes Piñera, Bachelet y Boric se vieron forzados a cambiar sus diseños originales ante el peso de la realidad. Así fue como durante el primer gobierno de Piñera fue necesario llevar a cabo un profundo ajuste de gabinete apenas transcurridos diez meses de mandato, donde entre otros cambios se convocaron a los entonces senadores Andrés Allamad y Evelyn Matthei a las carteras de Defensa y Trabajo, dejando atrás el llamado “gabinete de gerentes”. Bajo la segunda presidencia de Michelle Bachelet el caso Caval y los cuestionamientos al financiamiento de la política llevaron a que la exmandataria llegara al punto de solicitar la renuncia a todo su gabinete, convocando a figuras de alto peso político. El expresidente Boric, por su parte, también tuvo que hacer profundas modificaciones a muy poco andar luego de que fuera derrotado en el plebiscito constitucional de septiembre de 2022, dando mayor peso a figuras del Socialismo Democrático.
Llevar a cabo estos cambios cuando las circunstancias así lo ameritan no necesariamente es garantía de que un gobierno logrará ordenarse, pero cuando menos es una señal de que los mandatarios comprenden la necesidad de buscar una nueva orientación y pasar a otras etapas. La decisión del Presidente Kast de blindar por ahora a todo su gabinete solo está reflejando las dificultades del Mandatario para admitir errores propios, como asimismo para abrirse a escuchar voces fuera de su círculo cercano que lo cuestionen. Esto es más llamativo considerando que sus propios partidos le han hecho ver que es necesario llevar a cabo ajustes ministeriales, e incluso han sugerido la posibilidad de llamar a parlamentarios al gobierno, una idea que si bien es problemática porque pasa a llevar la voluntad de los electores, es una carta a la que han recurrido distintas administraciones. También es un déficit evidente que todavía el Mandatario no haya logrado construir una coalición en torno a los partidos que sustentan su gobierno, lo que evidentemente potencia aún más las descoordinaciones y complica la desactivación de las crisis.
El gobierno debe ser consciente que, de no enmendar prontamente el rumbo, lo que está en riesgo no es solo seguir profundizando la desafección con la ciudadanía, sino que ello pondrá cuesta arriba la posibilidad de seguir concretando cambios en esferas tan relevantes como la economía, lo que sería una pérdida para el país.
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