El riesgo de leer mal una buena noticia

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En menos de dos semanas, Lula ganó en Brasil y Trump salió derrotado en las elecciones de medio término. Para muchos de quienes compartimos las ideas de la izquierda fue una buena noticia y es lógico que lo celebremos. Algunas voces incluso plantearon que la ultraderecha iría en retirada en el mundo. Pero creo que vale la pena preguntarnos qué votó realmente la gente.
En Estados Unidos, según las encuestas a boca de urna, casi la mitad de los votantes explicó su voto por la situación económica. El precio de la bencina, el costo de la vida, la promesa incumplida de que todo volvería a ser como antes. Al parecer, se podría desprender que hay bastante de voto de castigo, y que los demócratas fueron la puerta disponible para decirle a Trump que las cosas no estaban funcionando.
En Brasil, Lula llegó segundo en primera vuelta y remontó en el balotaje. Es difícil saber cuánto pesó lo que él ofrecía y cuánto la inquietud frente a Bolsonaro. En toda segunda vuelta se mezclan la adhesión y el rechazo, y en Chile lo conocemos bien. Hay además algo que quizás estamos pasando por alto: eran elecciones de dos. Lula o Bolsonaro. Demócratas o republicanos. El votante que estaba molesto tenía solo un lugar donde ir.
Chile funciona distinto y lo sabemos. El sistema político no está en su mejor momento ante la ciudadanía, los partidos tienen poca adhesión y el voto de rechazo, aunque algunos quieran adueñárselo, no tiene dueño. El malestar puede terminar en cualquiera que logre capturarlo. Por eso cuesta pensar que en Chile el desgaste de un gobierno se traspase solamente al que tiene ideológicamente al frente. El enojo de la gente puede llegar a quien muestre que entiende lo que pasa y tiene cómo resolverlo. Y eso lo vimos con nitidez en la última campaña presidencial.
Lo que pasó afuera sí da señales, pero el clima puede cambiar, las expectativas incumplidas pasan la cuenta y ningún gobierno tiene el respaldo asegurado. Para la izquierda chilena es una oportunidad real, y por lo mismo vale la pena cuidarla.
Por eso la tarea es aún mayor. Se deben mirar estos resultados como una invitación a hacer bien las cosas, tanto en el ámbito político como comunicacional. Escuchar, sin llegar con las respuestas hechas, a las personas que hacen malabares a fin de mes y esperan soluciones sobre empleo, seguridad y costo de la vida. Salir a terreno, construir un proyecto que se entienda en la mesa de cada casa, tender puentes con la clase media, con los emprendedores y con quienes generan trabajo, y ofrecer alternativas que las personas quieran elegir, más allá del rechazo de uno por el otro. Y prometer lo que se puede cumplir y no lo que sirve para un eslogan de campaña.
Lo que dejan Estados Unidos y Brasil es bastante simple. Hasta el minuto, el castigo al que no cumple se ve con claridad. Lo que todavía está por verse es si eso se traducirá en adhesión al otro proyecto, y esa se construye con trabajo.
Es una lectura entre varias posibles, y vale la pena meditarla. El escenario puede ser favorable, y que efectivamente lo sea depende del proyecto y del trabajo que se haga de ahora en adelante.
Por Tatiana Klima, socia directora Criteria Comunicaciones.
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