“Aunque la mona se vista de seda”

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Al gobierno de José Antonio Kast se le cuestiona insistentemente su diseño político. Y con razón. Las críticas apuntan a la relación entre los ministros, el papel del segundo piso y la forma en que se toman las decisiones. Esa estructura no es casual. Responde a una concepción del poder y de la política. Por eso, para pensar en cómo modificarla es necesario distinguir dos niveles: los principios que orientan al gobierno y su ethos, es decir, su manera de entender y ejercer la política.
Preguntémonos entonces, ¿cuáles son los principios que inspiran al gobierno de José Antonio Kast? De su primera cuenta pública se desprenden varios: libertad, defensa de la vida y la familia, esfuerzo y mérito, economía libre y abierta, imperio de la ley y búsqueda del bien común. A ellos se suman las prioridades que definió para su administración: seguridad, reconstrucción institucional y crecimiento económico. Se trata de principios ampliamente compartidos por los partidos que lo acompañan, con diferencias de énfasis, pero sin discrepancias fundamentales. Esta afinidad constituye una ventaja política importante, que no necesariamente se reproduce en la izquierda chilena.
¿Qué ocurre, en cambio, con el ethos político del gobierno? Aquí las diferencias con sus aliados son mucho más importantes. Kast y los suyos parecen entender su tarea principalmente como un ejercicio de ejecución, donde la eficacia depende de la confianza personal, la cohesión interna y la capacidad de mando. De ahí la preferencia por perfiles técnicos, la concentración de decisiones en un círculo reducido y el papel secundario que se ha otorgado a los partidos. Detrás de ese diseño parece existir una desconfianza, incluso un desprecio hacia la política, entendida más como un obstáculo para la gestión que como una condición para gobernar.
Sus aliados no comparten esa concepción. Los partidos de Chile Vamos, con mayor experiencia de gobierno y negociación parlamentaria, tienen una visión distinta del papel de las coaliciones, los acuerdos y la deliberación política. Saben que una decisión puede ser técnicamente correcta y, sin embargo, fracasar por falta de apoyo político. La eficacia no depende solo de tomar buenas decisiones, sino también de construir las condiciones para llevarlas adelante.
El gobierno podría responder que esa manera de hacer política no dio frutos y que, precisamente por eso, la ciudadanía votó por Kast y su sector, tal como son, sin matices ni concesiones. El argumento confunde el mandato con el método. A Kast lo eligieron para obtener resultados. Y la lealtad con sus votantes puede exigir, justamente, adaptar la fórmula que lo llevó a La Moneda.
En consecuencia, la pregunta no es solo si Kast renovará su gabinete o su segundo piso, sino si está dispuesto a revisar la concepción de la política que los inspiró. El problema no son sus ideas, sino su ethos. Por eso, quienes lleguen a este segundo tiempo deberían compartir esos principios para asegurar un piso de confianza, pero aportar una visión distinta del ejercicio del poder. Y, sobre todo, tener una participación real en las decisiones. De lo contrario, Kast puede introducir cambios mayúsculos y todo seguirá exactamente igual. Porque aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Por María José Naudon, abogada.
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