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Sunday, November 8, 2026

José Donoso en tres tiempos: censura familiar, periodismo de calle y la vigencia de un clásico

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Las familias siempre estuvieron presentes en la obra de José Donoso Yáñez. Por ejemplo, los Ábalos, el clan burgués venido a menos de Coronación (con la deschavetada abuela de Andrés, el protagonista); los Azcoitía, con el hijo horroroso al que su padre le construyó un paisaje con otros seres tan monstruoso como él, en El obsceno pájaro de la noche; la familia de a dos, pobre y marginal que forman la Japonesita y la Manuela de El lugar sin límites; los niños de Casa de campo; o la atribulada familia burguesa en el exilio, de El jardín de al lado. Esas eran familias, pero de ficción. A Donoso le faltaba escribir de otra. La suya.

Esa idea comenzó a tomar forma en sus últimos años de vida, así escribió Conjeturas sobre la memoria de mi tribu. Unas memorias en la que hablaba de su familia, pero lejos de una hagiografía heroica, Donoso la hizo a su manera. Ese fue exactamente el pecado.

Antes de publicar, mostró el manuscrito a sus parientes. De vuelta no recibió comentarios literarios ni halagos, sino furia. Los ofendidos familiares le exigieron que retirara parte de lo escrito si acaso osaba seguir adelante con la idea. Publicado en 1996, al final lo que leyó la gente fue el libro que le permitieron sus congéneres, no el que Donoso concibió originalmente. Fue su último libro en vida, antes de su muerte el 7 de diciembre de 1996.

“El cuestionamiento familiar apuntaba al completo mal gusto de José Donoso de hacer visible lo que debía permanecer oculto: los orígenes incómodos, las zonas plebeyas, los ascensos manchados, las vergüenzas de clase. A la tribu le resultó, como no, inaceptable aunque fuera desde la imaginación cualquier indagación que alterara la versión aceptada del pasado”, señala la investigadora y académica de la UDP, Cecilia García-Huidobro.

Fue su hija, Pilar Donoso, la que años después en ese conmovedor y doloroso libro llamado Correr el tupido velo se refirió al asunto. “Recibió amenazas de todo tipo: cárcel, disparos e incluso asesinato por parte de algunos miembros de esta ‘tribu’. Mi padre quedó desalentado, cayó en una tristeza profunda, acompañada de un hermetismo que lo llevó a tomar la decisión de sacar ese conflictivo capítulo completo del libro”.

El problema es que el dato de Pilar Donoso resultó inexacto. La investigadora Cecilia García-Huidobro, fue al centro líquido de la memoria donosiana: el archivo del escritor custodiado en la Universidad de Princeton y descubrió que no fueron 1 sino 3 los capítulos eliminados. Así lo cuenta a Culto: “Me impresionaron los detalles que relata Pilar Donoso en Correr el tupido velo respecto de la agresiva reacción de algunos parientes cuando Pepe les compartió el manuscrito de Conjeturas. Llegué a pensar que exageraba. Pero estando en el archivo en Princeton investigué la correspondencia y localicé cartas de familiares muy violentas. ¿Qué había sido capaz de despertar una reacción de esa envergadura, me pregunté? Luego busqué en las carpetas de sus manuscritos y encontré diversas versiones del libro. La última incluso está diagramada, puesto que el libro estaba listo para entrar a imprenta cuando el autor decidió sacar las historias consideradas conflictivas, tres capítulos que ahora se recogen en esta nueva edición y que le dan mayor espesor al relato que conocíamos”.

Archivo Histórico – Cedoc Copesa

Por ello, a 30 años de la muerte del autor, García-Huidobro impulsó la publicación de una nueva edición de Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, con el sello Alfaguara, pero esta vez completo, con los tres capítulos que fueron rescatados: Los chimberos, El nombre manchado y El otro niño. Ahora el libro circula tal como lo pensó el mismo Donoso.

“En Conjeturas, Donoso revela que desde niño estuvo atento a las historias familiares y de su entorno, algo que luego sería el sello de su mundo narrativo -agrega García-Huidobro-. Pero más allá de los cuentos escuchados en su círculo, lo relevante es detenerse en el hecho de que la familia, cualquier familia, enhebra una memoria común. Digamos que la parentela es como el universo, una totalidad de espacio y tiempo donde lo familiar, que equivale a lo más cercano, puede significar de pronto lo anómalo y turbador. Y así como en el universo hay materia oscura, en la familia también. Donoso llama ‘fallas geológicas’ a esos silencios, excesos abominables o malos entendidos que se transmiten de generación en generación hasta conformar un imaginario. Esas ‘fallas geológicas’ de las que habla Donoso en familias con orígenes inciertos fueron precisamente las que se activaron en la familia Yáñez y provocaron un terremoto de magnitud”.

Donoso, periodista

Pero la versión remasterizada y remixeada de Conjeturas sobre la memoria de mi tribu no es la única novedad del acervo donosiano. Ediciones UDP acaba de poner en circulación el volumen La mirada y el oído, que recopila crónicas que el autor -a modo de subsistencia económica- escribió para medios como la revista Ercilla, periódicos internacionales como el ABC, de España; El Universal, de México; La Nación, de Argentina; El Tiempo, de Colombia; O Globo, de Brasil; la agencia EFE, entre otros. Acá lo vemos fuera del campo literario, recorriendo las calles, observando. Sobre todo observando.

El volumen fue coeditado por Cecilia García-Huidobro y Álvaro Matus. “Claramente hay una conjunción entre el mundo de ficción y el del periodismo en Donoso -apunta Matus-. Podemos leer muchos de sus textos como el taller del escritor o reconocer mundos que luego están en libros como El obsceno pájaro o La desesperanza. Sin embargo, en sus crónicas entrega también una visión más rica, amplia y porosa, aparece la mirada y el oído hacia realidades, lecturas y experiencias muy diversas”.

Archivo Histórico – Cedoc Copesa

Por ejemplo, podemos leer una floreada crónica de su visita al sur de Chile posterior al devastador terremoto de 1960. “Al aterrizar, en todas partes surgía la tragedia, borrando cualquier recuerdo de belleza. Los rostros desolados. El ir y venir de la actividad impotente. Los seres desplazados de sus centros que deben buscar una vida nueva, un orden nuevo, si les queda energía. Cada aterrizaje, era descender en el centro mismo del dolor, y recibir el bofetón en pleno rostro. No obstante, no vi terror sino en ciertos sectores. El pillaje es escaso. Los heridos están atendidos. Las industrias claves no sufrieron daños irreparables. Es el particular, el pequeño hombre que busca su vida solo y por su propio esfuerzo el que sufrió más. Es el dueño de una tienda de pueblo, el propietario de un restaurante, de una paquetería, de una mínima industria lechera, levantada con inmenso sacrificio; el empleado, que por fin logró construir su casa o adquirir sus muebles; el que ahorró para comprar una vaca, una radio, una cama, una olla”.

Donoso mantuvo la actividad en prensa de manera constante. A su regreso de España, en 1980, la retomó en Chile. “Se aprecia su curiosidad, la búsqueda, el caminar, el intento de pesquisar los rasgos más propios de nuestra cultura, tratar de entender desde un cierto desajuste el país en el que nos habíamos convertido. Y su mirada es bien crítica y nada nostálgica”, apunta Cecilia García-Huidobro.

Al leer las crónicas, Álvaro Matus indica que se ve una evolución del Donoso periodista: “En los primeros textos, los de revista Ercilla, cuando era un enviado especial o un periodista en terreno, sobresale la originalidad de sus pautas, pues cubrió temas que en aquella época no eran comunes y que, sin embargo, siguen siendo muy vigentes, como el de los niños que viven institucionalizados o el conflicto mapuche. Y su capacidad de escuchar se refuerza en la voluntad de entregarle la voz al otro, confiaba más en mostrar que en opinar él. Por otro lado, en sus crónicas posteriores se refleja un lector en el mejor y más amplio sentido de la palabra: lee la letra impresa, los signos que están en la página, pero también los signos sociales”.

Dentro del lugar sin límites

Si Conjeturas sobre la memoria de mi tribu se rescata a 30 años de su muerte, también vale la pena detenerse un poco más atrás. En noviembre de 1966, hace 60 años, salió a librerías acaso una de las novelas esenciales de José Donoso, El lugar sin límites. Es la historia de la Manuela, un homosexual travestido que regenta un burdel junto a su hija, la Japonesita. El pueblo depende de la voluntad regia de un terrateniente, Don Alejo, quien es cliente frecuente del local. Hasta ahí llega Pancho Vega, un cliente que llevaba más de un año alejado, y que quiere saldar viejas cuentas con la Manuela.

Donoso concibió esa novela en medio del que quizás, fue su mejor momento autoral. “Lleva un par de años casado con la escritora y traductora boliviana, Pilar Serrano. Ha publicado dos volúmenes de relatos: Veraneo y otros cuentos; El Charleston y otros cuentos. Es un valorado integrante del grupo de escritores que Enrique Lafourcade nombra como la Generación del 50. Ha publicado una novela por la que ha recibido el Premio Iberoamericano de Novela de la Fundación William Faulkner, lo que le asegura la traducción al inglés”, señala la académica chilena de la University of Mary Washington, María Laura Bocaz, gran estudiosa de la obra donosiana. Fue el momento en que se encontraba escribiendo El obsceno pájaro de la noche, novela que lo tenía atormentado.

Archivo Histórico – Cedoc Copesa

Para tomar aire del bloqueo en que lo tenía sumido el Pájaro, y aprovechando un viaje a México donde participó en un congreso de escritores, José Donoso decidió probar con otra cosa. Se alojó en la casa de su amigo Carlos Fuentes y comenzó a escribir. Al principio su idea era renovar bríos y, sobre todo, darle forma a alguna novela que le permitiera saldar una deuda que tenía con la editorial Zigzag, por un adelanto de mil dólares. Por ello, cuenta Bocaz, Donoso regresó a un viejo bosquejo que tenía por ahí.

“El proyecto escogido para purgar los años de escritura insatisfactoria es otro volumen de cuentos, uno de los cuales se titularía La Manuela. En cuanto Donoso comienza a trabajar en ese relato, se da cuenta de que será, en realidad, una novela breve”, indica Bocaz. En pocas semanas, Donoso la acabó, y Carlos Fuentes le sugirió que, en vez de publicar la novela en Chile para pagar la deuda, lo hiciera en México. Y al parecer no fue un mal consejo.

“La novela se publicó en México y, al parecer, Fuentes sabía lo que decía -dice Cecilia García-Huidobro, porque cuando finalmente llegó a Chile la crítica local llegó a decir: ‘El pretendido lugar sin límites es, de hecho, un lugar limitado, lo talquino puede más que lo infernal, lo coprolálico silvestre más que lo demoníaco; lo visible más que lo invisible, atrofia ya habitual de nuestra tradición novelística’”.

Crédito: Archivo Histórico – Cedoc Copesa.

A la hora de pensar en las claves de El lugar sin límites, surgen tres aspectos que acaso son la espina dorsal de la novela: el deseo, la sexualidad y la identidad de género. “Determinan el rumbo de al menos cuatro acontecimientos nucleares en la ficción: el traspaso del burdel del terrateniente a la dueña del prostíbulo tras una apuesta, la paternidad de la Japonesita, el desenmascaramiento del deseo homosexual velado de Pancho Vega y el destino trágico de la protagonista, producto de la violencia homofóbica”, dice Bocaz.

Por su parte, Cecilia García-Huidobro rescata la prosa de Donoso en esta novela. “Gran parte de la poética de Donoso está desplegada en El lugar sin límites. Lo grotesco como modo de explorar los recovecos del poder, donde las jerarquías son espejos de doble filo. La dominación y la sumisión son inseparables, en un juego de fuerzas y represiones del que nadie queda a salvo”.

Archivo Histórico / Cedoc Copesa.

Llevada al cine bajo la dirección del mexicano Arturo Ripstein en 1977, El lugar sin límites es uno de los puntos altos de la carrera donosiana, ¿por qué se sigue leyendo hasta hoy? Responde María Laura Bocaz: “Por su incuestionable calidad literaria. Es una novela impecable desde el punto de vista de la escritura, admirable por los malabares lingüísticos puestos en marcha para narrar a la trans Manuela desde diferentes puntos de vista, sin delatar su sexo en el primer tercio de la novela, por su forma de representar un deseo homosexual masculino incontenible”.

“Diría que, a 60 años de su primera edición, El lugar sin límites se lee con humor. Los dichos y la performance de la Manuela, sus diálogos con la Ludo, hacen sonreír o, derechamente, reír a carcajadas, y también sentir náuseas ante escenas de violencia, posesión sexual y dinámicas de poder y sumisión narradas con una precisión escalofriante -agrega Bocaz-. Por último, con desconcierto y admiración, porque, a sesenta años de su publicación, no deja de sorprender lo adelantado que estaba Donoso en cuanto al tema de las identidades de género y sexuales. La novela, no olvidemos, antecede en once años a La historia de la sexualidad de Foucault (1977) y en más de dos décadas a Gender Trouble (1990) de Judith Butler”.

Y remata Cecilia García-Huidobro: “Han pasado sesenta años y Chile ha cambiado mucho. La Reforma Agraria, por ejemplo, modificó en buena medida las conductas atávicas del mundo rural, en lugares como El Olivo, el pueblo donde transcurre la novela. Pero El lugar sin límites se sigue leyendo porque pone en escena un poder que se sostiene con el deseo y el miedo de quienes lo padecen, y eso ha cambiado poco, o nada más bien”.

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