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Sunday, September 27, 2026

El partido del escándalo: todo lo que pasó entre Estudiantes y Rosario Central en Santiago del Estero

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Rosario Central y Estudiantes de La Plata se la tenían jurada desde el famoso espaldazo de los platenses en el Gigante de Arroyito, hace casi un año. La conferencia de prensa previa al partido de este sábado, en el estadio Madre de Ciudades, de Santiago del Estero, y por la Supercopa Internacional, se pareció más a un pesaje previo de dos boxeadores que a un partido de fútbol. La AFA debía ser muy cuidadosa a la hora de elegir al árbitro principal y a sus asistentes de VAR. Los seleccionados fueron Darío Herrera -uno de los mundialistas en Estados Unidos- y Jorge Baliño. Los antecedentes cercanos no favorecían al primero: venía de dirigir Instituto vs. Talleres, uno de los clásicos cordobeses, con varias jugadas polémicas.

Pero a Federico Beligoy, el designador y -a la vez- secretario general del principal gremio de los árbitros, la actualidad de Herrera no le importó. Lo puso en un partido súper caliente, en el que todo comenzó a torcerse desde mucho antes del pitazo inicial: varios micros de la hinchada de Estudiantes fueron demorados en la ruta y llegaron 28 minutos después de comenzado el partido.

Darío Herrera y sus asistentes, luego de la Supercopa Internacional disputada en Santiago del Estero

Con Claudio “Chiqui” Tapia en un palco (después de todo, colocó la piedra fundamental del estadio), el encuentro también era una pulseada entre uno de sus dirigentes más cercanos -Gonzalo Belloso, presidente de Rosario Central- y uno de sus principales archienemigos, Juan Sebastián Verón, titular del Pincha. Más motivos para que cualquier chispa pudiera generar un cortocircuito. Y estropear el fútbol.

Hubo piernas fuertes desde el primer minuto, como si en lugar de una final fuera un partido por el honor. O por una manera de entender cómo se juega a la pelota. ¿El árbitro? No influyó. Hasta que el banco de Estudiantes, que ya ganaba 1-0, protestó por una falta de Eros Mancuso al borde del área. A Ángel Di María no le importó y puso el 1-1 con un gran tiro libre. Fue la jugada que valió la entrada.

Ángel Di María festeja uno de sus goles ante Estudiantes de La PlataLuis Santillan

Porque después Herrera se encargó de dejar a todos -sobre todo, los platenses- al borde de un ataque de nervios. Cuando se habían jugado diez de los ¡doce! minutos de adición en la primera parte, Leandro González Pirez se llevó puesto a Enzo Copetti cuando el de Central ingresaba al área. El delantero canalla hizo un culto a la viveza y se tiró como si lo hubiera atropellado un camión. El árbitro no compró al instante y dejó seguir. Pero Baliño lo llamó y le recomendó la revisión. Como suele suceder en estos casos, el VAR terminó imponiéndose. Se cobró penal, pese a que ninguna repetición es concluyente con la intensidad del contacto. Y el golpe pudo haber sido fuera del área. ¿Trazado de líneas para despejar dudas? No hubo.

El “Cacique” Medina, DT de Estudiantes, no podía creer lo que veía. Verón, en la tribuna, hacía gestos (aplaudía irónicamente), sorprendido por la decisión del árbitro y de sus asistentes tecnológicos. Al partido lo empezaba a ganar el contexto. Las circunstancias. La previa. Las cuitas irresueltas. Las broncas.

Cuando los jugadores volvieron de los vestuarios, los hinchas de Estudiantes ya habían visto el posteo de Verón en su perfil de Instagram. El presidente habló de “impunidad”. Los simpatizantes cantaron el hit “Chiqui Tapia botón, Chiqui Tapia botón...” en la cara del mismísimo presidente de la AFA.

Un rato más tarde, el peor error de Herrera. Elías Verón, que había recibido una tarjeta amarilla un par de minutos antes, pateó la pelota y se llevó puesto a Adolfo Gaich, que pujaba por el balón. Hubo imprudencia. Era segunda amarilla para el defensor canalla. No fue nada. El árbitro apenas señaló la falta, sin sanción disciplinaria. Almirón, DT de Central, fue el más vivo del condado: un par de minutos más tarde sacó de la cancha a Verón, quien -si seguía en el campo- hubiera visto la roja por cualquier caricia a un rival.

La sumatoria del penal más la no expulsión descalabró el partido. Protestas de un lado y del otro. Como la del minuto 42, cuando Ignacio Ovando fue a buscar una pelota en las alturas y la pelota le dio en la mano. Como tantas otras jugadas parecidas, el incidente ameritaba una revisión. Herrera pidió calma. Baliño le dijo que continuara el juego. Y el encuentro siguió. Estudiantes fue a buscar el empate hasta con su arquero Fernando Muslera y Central encontró el 3-1 en el contraataque.

Y los jugadores se trenzaron, hubo golpes de puño, los suplentes de Estudiantes se metieron en la cancha y la trifulca continuó en la calle de entrada a los vestuarios, ante la vista de todos. En cadena nacional. Herrera, impávido, miraba todo con los brazos en jarra. Había sacado de su bolsillo la tarjeta roja, pero no sabía a quién de todos mostrársela. ¿A todos? Al final, la guardó. Pero no pitó la conclusión del partido, que quedó en el limbo, entre los disturbios y las ganas de festejar de Central.

Los dirigentes de Estudiantes bajaron al vestuario. Algunos de los jugadores platenses no querían volver a la cancha, fastidiados por el -mal- nivel del arbitraje. El reloj de la transmisión seguía corriendo. Para entonces, los golpes y las agresiones habían cesado. La violencia era solo verbal. Verón salió del vestuario y encaró a Herrera, llegando casi al círculo central. “¡Toda tuya! ¡Toda tuya!“, le espetó, casi en la cara. Los futbolistas platenses regresaron a la cancha. Pero el fútbol -que se había ido hacía un buen rato- nunca más volvió.

Estudiantes de la Plata vs Rosario Central Supercopa Internacional.Captura de Video

En ese clima enrarecido, pero sin incidentes en las tribunas, el partido se dio por terminado. En la cancha hubo tres imágenes: de un lado, los jugadores de Rosario Central festejando ante sus hinchas un nuevo trofeo. Del otro, los de Estudiantes consumidos por la bronca. Y en el medio, de negro, Herrera y su cuerpo arbitral, testigos casi mudos de todo lo que estaba pasando. El árbitro tendrá su revancha cuando redacte el informe de lo sucedido. Los antecedentes no anticipan nada bueno para Estudiantes: después del espaldazo del año pasado la AFA repartió penas para todos los futbolistas involucrados y para el presidente Verón.

También hubo ironías al por mayor. Del propio Verón, quien después de haber increpado a Herrera a la vista de todos dijo que “lo había felicitado. Dirigió muy bien. Nada que decir”. El presidente pincharrata y los futbolistas de Estudiantes “aplaudieron” a la terna arbitral cuando recibieron las medallas por el partido. Las recibieron de manos de Tapia, que ahí sí estuvo en el estrado para premiar a Herrera, sus asistentes y a los jugadores de Rosario Central. Los platenses, en cambio, recibieron su premio de parte de Francisco Duarte, CEO de la Liga Profesional.

Lo mejor del partido entre Estudiantes y Rosario Central

Errores arbitrales. Violencia física y verbal. Acusaciones. Ironías en público y en privado. Desconfianza generalizada. Clima tenso de principio a fin, más peleas que juego. Como al principio y en las conferencias previas, la cancha terminó como si fuera un gran ring. Un cóctel perfecto para una final por un título. En un fútbol argentino que destila coherencia: se llama Supercopa Internacional... se jugó en Santiago del Estero.

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